‘LATENTES’ SON DOS COSAS… AL MENOS, A DÍA DE HOY.

FUERA
DE LA CABEZA
Por un lado, somos un cortometraje interactivo donde te invitamos a ser parte de la historia. Por una vez, no queremos que veas un cortometraje al uso, pasivamente. En esta ocasión, queremos que manejes los hilos a tu antojo y que, realmente, te adentres en la historia.

Que escojas al protagonista que desees y que no te separes de él en ningún momento; que a través de este seguimiento podáis ser uña y carne. También que tomes decisiones por él, que tengas la oportunidad, como espectador activo, de decidir qué ocurrirá en los siguientes segundos. Que seas capaz de meterte en sus pensamientos, en su subconsciente.

Que ese aspecto ilógico e interior de uno mismo sea clarividente para ti.

Y ya, por el otro lado, somos un espectáculo teatral que podrás ver del 27 de diciembre al 13 de enero en el Teatro Tantarantana.

Allí jugaremos a cómo, unos personajes que ya se sentían observados por actuar diferente, se ven encerrados en un centro reeducacional vigilado 24/7 por el sistema. Leo, Mila y Vera tratarán comprender cómo y por qué han llegado a ese lugar que, por imposición, ya es su nueva casa. La comprensión de la reclusión, el querer salir de allí o resignarse serán sus principales motivaciones. O morir de pie, o de rodillas. No hay punto medio.

En el proyecto teatral de ‘Latentes’ queremos mezclar las artes escénicas, el audiovisual y la interacción con el público con tal de crear, como mínimo, un ‘algo’ diferente.

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¿A QUÉ TIPO DE IMPOSICIONES ENCUBIERTAS NOS VEMOS SOMETIDOS EN NUESTRO DÍA A DÍA?

Hay una serie de componentes que escapan de nuestras manos, cercanos, muy cercanos a nosotros, que nos han hecho ser como somos. Y el que piense que es una especie única en el planeta, pues no.

Simplemente, se está equivocando.

DENTRO
DE LA CABEZA
En este mundo tenemos una familia, unos amigos de la infancia, un lugar al que pertenecemos y un hospital en el que nacimos que han marcado a fuego lento todo aquello que somos. Y quien diga lo contrario, se está equivocando.
Todos estos factores, que nos habrán acompañado más o menos durante nuestra tierna infancia, han provocado una serie de miedos que a día de hoy aún nos acompañan: desde saltar del columpio en movimiento hasta sacarnos el carné de conducir.
Evidentemente, todos estos factores inherentes a nosotros mismos han influido en nuestro particular ‘de mayor quiero ser…’. Por no hablar del tipo de vida al que aspiramos, totalmente precedido por el que hemos vivido anteriormente o, aún peor, precedido por nuestra creencia a pensar que ‘aquel’ estilo de vida nos gusta personalmente.
Un porcentaje de tu madre, un porcentaje de tu mejor amigo, un porcentaje de tu expareja, otro porcentaje de aquella profesora de cuando hacías infantil, un nuevo porcentaje de tu jefe y un último porcentaje del barrio donde vives han delimitado perfectamente todo aquello que tú eres ahora mismo. Han delimitado (y limitado) tus ilusiones, tus aspiraciones, tus sueños y todo aquello que te gusta y que repudias.

Nos hemos tirado la vida creyendo en nosotros mismos cuando, en realidad, ese ‘yo’ con el que nos acostamos todas las noches es, nada más y nada menos, un abanico de ‘yoes’ en los que cuesta horrores encontrarnos.
Somos pequeños retazos de todo lo que nos ha rodeado. Siempre.

Y quien diga lo contrario, se está equivocando.